Reportaje aparecido en el Heraldo de Aragon. (http://www.heraldo.es).

Textos: Genoveva Crespo

Fotos: Oliver Duch

Las juderías aragonesas salen del ostracismo

Plaza de la Sartén, centro de la Judería de Sos del Rey Católico

 

Hasta ahora los destinos habituales de los judíos que visitaban España en busca de las huellas de su pasado en la península se limitaban a Toledo y Gerona Esporádicamente, alguno iba a Tudela. Ahora, varios pueblos aragoneses donde los vestigios de las aljamas hebraicas asoman sólo con rascar en las actuales construcciones quieren incorporarse a esa ruta de turismo cultural. Este mes de la mano del investigador Miguel Angel Motis, un grupo de judíos procedentes de Estados Unidos, Reino Unido e Israel recorrieron entre el asombro y la emoción los barrios que habitaron los de su grey en Daroca, Calatayud, Borja,Tarazona, Biel y Sos del Rey Católico.

 

Una calle de la judería de Biel

 

Ahora es un corral. Una uralita cubre parte del patio y, en la zona cubierta, se amontonan aperos, viejas herramientas y los cachivaches propios de cualquier desván rural aragonés. Pero, hasta 1492, era parte de la sinagoga de Biel. El pasado 10 de febrero, después de más de 500 años, sus muros de piedra, intactos pese al paso del tiempo, volvieron a oír las plegarias de la Torah de los 40 viajeros que, procedentes de Israel, Estados Unidos y Reino Unido, han incluido las juderías aragonesas en su viaje al pasado hebraico de España. Como guías, Yom Tov Assis, profesor de Historia Medieval de los Judíos en la Universidad de Jerusalén, organizador de estos Seminarios históricos sobre Sefarad (España para los judíos) que incluyen clases previas y visita a las ciudades, y el investigador aragonés Miguel Angel Motis, máximo experto sobre el pasado de los judíos en España y, ahora, autor de un proyecto de puesta en valor de las aljamas aragonesas de las Altas Cinco Villas para incorporarlas a la rica oferta turística del Territorio Museo.

Casa del Banquero David Jana. Delante Yom Tov, Miguel Angel Motis y José Luis Lasheras

 

Los viajeros no cabían en sí de emoción. Ya conocían aljamas -nombre de los barrios que ocupaban los judíos- de lugares como Toledo o Gerona. Pero nada de lo visto era comparable a lo que estaban descubriendo en su recorrido por Aragón. «Las otras están muy bien -comentaban-, pero están muy "turistizadas". En estas, en cambio, es como si el tiempo estuviera detenido». El caso de Biel es uno de esos claros ejemplos, y así lo explicaba Motis calle a calle de lo que ahora se conoce como Barrio Verde. Desde la zona donde estuvo la tenería -la zona dedicada al curtido de pieles- a la Caudevilla, o plaza donde se instalaba el mercado. Y en lo alto del barrio, en el otro extremo de la torre medieval que representaba el poder cristiano, la casa -también intacta y habitada- que fue de David Jana, el banquero del lugar, cuyo crédito llegaba a lugares distantes en más de 300 kilómetros. Aunque esa no era la ocupación principal: la mayoría se dedicaba a la producción textil de cáñamo, lana y pieles, y eran zapateros o tejedores. Actividades todas ellas desarrolladas tras la Puerta de la Judería. Y es que en Biel se respira ese pasado. Durante el recorrido, Motis explica a los visitantes que, en el momento de la expulsión, el 70% de la población que pagaba impuestos -unas 300 personas- era hebrea, ya que, durante la Reconquista, hacia el siglo XIII, se había repoblado con judíos procedentes del sur de Francia. La mitad de ellos se exilió en Sangüesa pero, cuando en 1498 el rey de Navarra decretó también la expulsión, las tres cuartas partes volvieron a casa y sólo un 30% salió fuera de España con destino a Nápoles. O sea que, al final, casi el 90% de los judíos de Biel prefirió convertirse y quedarse. Lo hicieron con los apellidos Navarro, Sánchez y González, que abundan en la población.

 

Un pasado recién descubierto

El profesor Sarfatti consulta unas capitulaciones matrimoniales

 

«De todo esto -explicaba José Luis Lasheras, alcalde de la villa- nos enteramos hace diez años gracias a una conferencia que nos dio Motis. Y, lejos de molestarnos, en el pueblo estamos muy orgullosos de nuestro pasado y dispuestos a recuperar esas señas de identidad. De ahí nuestro propósito de instalar en la torre medieval un museo sobre la vida en las aljamas aragonesas y de pedir nuestra inclusión en las Rutas de Sefarad».

También estudian cómo recuperar la sinagoga -ahora conocida en el pueblo como Casa de la Pelegrina- con todos sus componentes. «La sinagoga -explica Motis- no sólo es un lugar de oración, sino también el símbolo que salvaguarda las señas de identidad de un pueblo en la diáspora, así como la sede de las principales instituciones de la aljama -nombre que recibe la organización jurídica que agrupa a los judíos, equivalente a nuestro concejo-, como la administración de justicia, el gobierno, la educación, la asistencia sanitaria y el aprovisionamiento de determinados alimentos. Cómo deben seguir un ritual, allí están el horno para el pan -debe hacerse sin levadura- y el matadero para la carne -que debe proceder de determinados herbívoros degollados-. Suelen ser muy buenos edificios. De hecho, tras la expulsión, la sinagoga de Biel, como la de Uncastillo, se convierten en las casas consistoriales».

Patio de la sinagoga de Biel

 

No está tan claro dónde se encuentra el centro religioso y de gobierno de Sos del Rey Católico, pero sí la judería en sí, aquí llamada ahora Barrio Nuevo y situada tras el Palacio de Sada, que va a ser señalizada próximamente. Son 30 casas situadas también en una zona alta de la villa que se mantienen prácticamente intactos en torno a la plaza de la Sartén y las calles Coliseo, Mentidero y La luna. Una vez en la plaza, desde cuyos balcones dos vecinas siguen atentas las explicaciones de Motis, el investigador explica a los viajeros que en 1492 allí vivían 125 judíos, de los que se fueron la mitad. También se dedicaban a la producción textil de cáñamo y lino y poseían viñas. En su detallado conocimiento de nuestro pasado judío, Motis relata la existencia de dos casamenteros en las Cinco Villas dedicados a concertar matrimonios para mezclar las aljamas.

Precisamente uno de los momentos más emocionantes para los viajeros fue la visión de un contrato de matrimonio y otro de compraventa. En el referente a las capitulaciones matrimoniales, el protagonista es un hombre de Biel llamado Sarfatti. En ese momento se organiza el lógico revuelo porque entre los viajeros se encuentra Giorgio Sarfatti, un ilustre profesor de hebreo que ha recibido este año el Premio Nacional de Lingüística de Israel.

Estos documentos escritos en hebreo y en aljamiado -aragonés con caracteres hebreos- han aparecido también gracias a la infatigable labor de Motis, quien va a publicar un libro sobre esos textos en colaboración con el organizador de los viajes-seminario, Yom Tov Assis. «Tras la expulsión -explica Motis-, las propiedades de las aljamas, incluida su documentación, pasan a poder de quien tuviese la autoridad en la zona: el rey, la Iglesia, las órdenes militares o los nobles. Los bienes confiscados a los judíos de Sos pasaron a la Corona y, ahora, algunos de esos documentos se han encontrado en el Archivo Histórico Provincial de Huesca. Estos textos estaban escritos sobre vitela, un pergamino muy fino y muy bueno que, por supuesto, no se destruía, sino que se reutilizaba. En este caso se habían usado para encuadernar protocolos notariales. Ya hemos avisado a varios archivos eclesiásticos, municipales y notariales de que es posible que haya pergaminos de este tipo en las tapas de tomos antiguos». Algunos de estos pergaminos formarán parte de la exposición «Aragón, corona y reino» que, bajo el patrocinio de Ibercaja y el Gobierno de Aragón, se inaugurará en abril en Madrid y de la que Motis ha sido el encargado de buscar las piezas referidas a nuestro pasado judío.

 

 

El Derecho Aragonés, para los judíos

Recinto interior de la sinagoga de Biel

 

Entre visita y visita, los viajeros han recibido clases sobre las leyes de los hebreos de la Corona de Aragón. En ellas, Motis ha tenido ocasión de explicar que, en ocasiones como los testamentos, la viudedad o los contratos matrimoniales, los judíos preferían acogerse al Derecho aragonés frente al talmúdico, ya que dispensaba una mayor protección a la familia y a la mujer. «Además -les explicaba el investigador- nuestro Derecho prohibía la tortura y que las denuncias fueran anónimas, ya que se aplica el principio de "in dubio, pro reo". A esa presunción de inocencia, en la que el Derecho aragonés es pionera en el mundo, se añade el Derecho de Manifestación, ahora derivado en el derecho común como el "habeas corpus", o sea, no se declara si no hay un abogado delante. Por otra parte, los jueces aragoneses están sometidos al juicio de residencia, según el cual se les puede procesar si han sentenciado injustamente. Desgraciadamente, cuando se creó la Inquisición, un tribunal castellano que además de contra los judíos se instituyó contra nuestras leyes, si un judeoconverso era denunciado por herejía, todas nuestras ventajas desaparecían».

 

 

Desde Daroca a Calatayud

Daroca, otra visita obligatoria

 

Pero la ruta aragonesa de juderías es mucho más amplia. Durante dos días, los viajeros conocieron las de Daroca, Calatayud, Tarazona y Borja. En la primera población, que conserva el caserío intacto, se llevaron la sorpresa de descubrir que allí había nacido Josef Albo -una calle de la aljama lleva su nombre-, uno de los rabinos históricos más venerados por los de su grey porque, en la llamada Disputa de Tortosa, celebrada en 1414-1415, fue uno de los mejores defensores de su credo frente a la propuesta que les hacía del Papa Benedicto XIII. Los enviados papales querían convencerles de que el Mesías había llegado y debían abandonar su fe. No fue menos impactante el dato de que también procede del lugar Luis de Santángel, el banquero que financió el descubrimiento de América y que hasta ahora se tenía por valenciano.

En Calatayud -donde la población hebrea llegó a las 1.200 personas- pudieron visitar la sinagoga de los tejedores y el barrio, ya señalizado gracias a la iniciativa del Centro de Estudios Bilbilitanos y el Ayuntamiento. Estas instituciones quieren excavar el cementerio -ya localizado- y crear un museo con lo que allí se halle. También pudieron intuir el pasado hebreo de la actual ermita de la Consolación, que fue la sinagoga mayor y conserva la estructura de este tipo de templos con sus dos accesos: uno para hombres y otro para mujeres.

En la judería de Borja, otra de las visitadas y que tuvo 350 vecinos, apenas pudieron observar los pocos vestigios que conserva. Sí son evidentes, en cambio, en Tarazona, donde había dos juderías, una de las cuales, la alta, incluso ha mantenido su nombre hasta hoy y donde hay intención de recuperar las huellas del pasado hebraico.

También visitaron Zaragoza, aunque no pudieron entrar a los baños judíos que se conservan en un sótano del Coso Bajo. Una falta de entendimiento entre la comunidad de propietarios y el Ayuntamiento impide el acceso a ese lugar pese a ser patrimonio histórico artístico. Eso sí, al menos, durante su visita a la Aljafería, el presidente de las Cortes se comprometió a apoyar la celebración en Zaragoza de una semana sefardí. Sería una buena ocasión para aprovechar estas enriquecedoras relaciones, arreglar el acceso a los baños y señalizar la judería y, de paso, invitar a Noah Gordon, el escritor norteamericano autor de «El último judío». Se trata del último «best seller» literario de este conocido autor, cuya segunda parte trascurre en la Zaragoza del siglo XVI pero que, desgraciadamente, ha escrito sin conocer nuestra ciudad.

 

 

Biel y Tarazona apuestan por entrar en las Rutas de Sefarad

En la torre de Biel se instalará un museo sobre la vida de las aljamas aragonesas

 

Varias localidades aragonesas están intentando entrar en la Rutas de Sefarad,una organización formada por los Ayuntamientos de Cáceres, Córdoba, Gerona, Hervás, Oviedo, Ribadavia, Segovia, Toledo, Tortosa y Tudela. Esta asociación de ciudades tiene como misión desarrollar acciones conjuntas para promocionar su patrimonio e historia entre los hebreos y tiene como objetivo defender el patrimonio urbanístico, arquitectónico, histórico, artístico y cultural del legado sefardí en la península. Los requisitos para pertenecer a ella consisten en que exista justificación histórica, haya elementos materiales y los municipios posean capacidad organizativa. La red está muy en contacto con el Gobierno de Israel e instituciones y fundaciones diversas y se beneficia de numerosas iniciativas culturales (http://www.redjuderias.org).

 

Territorio Museo

Esta iniciativa de desarrollo turístico y cultural puesta en marcha hace un año por los ayuntamientos de las Altas Cinco Villas quiere, ahora, poner en valor los vestigios judíos que poseen sus caseríos. Territorio Museo (http://personales.jet.es/cider) ha pedido su inclusión en las Rutas de Sefarad ofreciendo Biel como epicentro, en cuya torre medieval va a instalarse un museo sobre la vida en las aljamas aragonesas. El proyecto está siendo preparado por Miguel Angel Motis, a quien llaman de las instituciones y entidades más prestigiosas mientras -y a pesar de su apabullante currículum- se le niega el acceso a la Universidad de Zaragoza-. Incluye la recuperación del complejo de la sinagoga, con su sala de culto, el horno, la carnicería y la escuela, así como la señalización de toda la judería llamada ahora Barrio Verde. Además de Biel, se ofrecerán recorridos en Sos, donde está a punto de localizarse la sinagoga, y Uncastillo. En esta última villa se busca también este edificio y ya está listo para ser excavado el cementerio. Asimismo, tienen judería Ruesta, El Frago y Luesia, un completo conjunto que Territorio Museo espera sea aceptado por las ciudades de las Rutas de Sefarad.

 

Tarazona

Ayer sábado, unas 14 personas constituyeron la Asociación de Amigos de la Cultura Judía de Tarazona «Moshe de Portella». Su objetivo es -informa Javier Bona- recuperar las raíces judías de Tarazona para que los hebreos de hoy puedan visitar la judería turiasonense en mejores condiciones que en el presente. Además, va a pedir al Ayuntamiento que solicite la inclusión de la ciudad en las Rutas de Sefarad. Esta entidad, que toma su nombre de un ilustre sefardí turiasonense que en el siglo XIII era administrador del rey en la comarca, tiene el propósito de adquirir un edificio medieval, conocido desde siempre como la casa de los judíos, situado junto al emplazamiento que ocupó la sinagoga -quizá formó parte de ella- y de cuyo núcleo central sólo queda el solar. Es el mismo terreno que posteriormente ocupó la conocida Posada de Bécquer -allí vivió el poeta-, ya desaparecida.

Una vez adquirida, los miembros de «Moshe de Portella» quieren convertirla en un centro cultural dedicado a la vida de los judíos en Tarazona y, por extensión, en Aragón. Entre los contenidos destacará la relación de los nombres de todos aquellos que, según la documentación existente, vivieron en Tarazona, lugar que, en algunos momentos, llegó a tener 500 vecinos de esta religión.

Para poner en marcha esta ambiciosa operación, la asociación acaba de abrir una ventana en internet (www.paisvirtual.com/viajes/culturas/portella/) en la que ha convocado una colecta internacional para recaudar fondos con los que financiar el empeño. Mientras, trabaja en distintas direcciones, incluida la gastronomía. Sabedores de que los judíos practicantes siguen unas rigurosas normas alimenticias, un cocinero del hotel Las Brujas está aprendiendo cocina sefardí y judía para que los posibles visitantes puedan disfrutar del viaje en todos los aspectos.