0305.07

EL HUERTO DEL MÉDICO

Joseph nos hace llegar este entrañable cuento, que con una narración descriptiva y liviana, nos transporta al mundo de un niño, que marcado por una temprana enfermedad, descubre la magia que hay en él y en todo lo que le rodea. Con un final conmovedor y lleno de fuerza, nos hace reflexionar sobre el legado que nos dejan nuestros padres, y nuestra relación con estos. Espero que lo disfrutéis tanto como yo.



Fueron días de tardes aletargadas, de busquedas silenciosas sin herramientas de ayuda, tan sòlo pequeñas intuiciones desvanecientes en milésimas de segundos implacables.
La enfermedad que comenzaba a otorgar su perdón, se iba alejando.
                    
La versión oficial envolvía las presentaciones familiares inflexiblemente como excusa más probable, pero tal vez sólo yo conocía los motivos verdaderos del castigo impuesto, digo tal vez sólo yo, porque hace ya un tiempo que vienen a mi memoria las noches en las que luciérnagas con sus verdes luces fosforescentes en los caminos que conducian a mi casa, al día siguiente, en las largas tardes de verano, ya atardeciendo, me trasladaban al lugar donde mi padre, tras haber trabajado casi todo el día, dejaba sus últimos esfuerzos.

Era el lugar conocido como el huerto del médico.  Así era, pues el propietario , entrado ya en años, había ejercido la profesión en su juventud.

Os cuento..............

Mi padre trabajaba como ayudante sanitario en el hospital del pueblo, y supongo que por afinidad entre profesiones, las necesidades propias de los tiempos de escasez, y la poca atención que el propietario otorgaba al terreno, practicamente semiabandonado, provocaron a convenir, según había yo entendido decir a mi madre, un acuerdo verbal por el cual se pactaba que mi padre se hacía responsable del mantenimiento de todo el huerto, en lo concerniente al regado de plantas, poda de árboles, limpieza del recinto, recogida de los frutos en los árboles, labranza del terreno, labores de siembra de las hortalizas y su posterior recogida, limpieza de hojarazcas, y en fin, todo aquello que contribuyese al buen aspecto que en tiempo pretérito fue aliado.

En contrapartida, el médico propietario, concedio una parte del huerto, concretamente la mitad del espacio, para que mi padre cultivase lo que considerase para él, pudiendo vender posteriormente todo lo cosechado en su parcela, a cualquier persona que lo quisiera comprar para su propio beneficio, ademàs se acordó también permiso para poder coger los frutos de los árboles, manzano, peral, nogal, ciruelo y árboles de flores ornamentales, para el consumo propio de mi familia, a cambio de todo ello, el anciano médico, no debería pagar ningún jornal por el cuidado del todo el conjunto, lo que en términos agrícolas, le convertía en una especie de mediero.

Como en su juventud mi padre fue agricultor en su propia tierra, antes de casarse y salir de ella, la idea no le resultó desmesurada y en consecuencia la acogio con agrado, aún
siendo una carga más en su ya dilatado horario. 

Pero volviendo al principio del relato........................

Yo tenía unos siete años y cargaba todavía con las consecuencias que una enfermedad  de tipo cerebro espinal, meningitis aséptica, había producido cuando sólamente contaba con seis meses, las cuales generaron un niño retraído y muy temeroso hasta alcanzar la pubertad. 

Sufría porque era consciente, a pesar de todo, de lo que provocaba a mi alrededor, sin terner la posibilidad de modificarlo. No tenía problemas con los demás niños, pero sabía que ellos eran más despejados que yo en todos los aspectos, sobretodo, en los estudios, ya que, asistía a la escuela con los que tenían dos años menos. Sabía que mis padres me querían, y yo era muy dichoso por ello, pero también comprendía, que hubieran sido más felices, si yo no hubiese contraido la enfermedad.

Sin embargo yo poseía mi mundo oculto, y era conocedor de secretos que otros ignoraban, aunque no por ello me consideraba un privilegiado, más bien al contrario, eso me apartaba, aún más, pues no los debía comunicar.

¡ Ah sí, lo del huerto !

Era un huerto típico de alta montaña, algo apartado del pueblo, cercado totalmente por una vieja muralla de piedra, de una altura aproximada a dos metros, enmohecida en algún tramo.  La superficie en tamaño y forma asemejaba a un campo de fútbol, puede que un poco menor. En una esquina, formando un pequeño chaflán, como entrada, una chirreante puerta de madera carcomida. En su interior una pequeña acequia procedente de río arriba, cruzaba por un lateral todo el recinto, continuando después su curso.  Existían dos zonas diferenciadas en cuanto a disposición de cultivos, el lado norte, como huerto exclusivo de hortalizas, y el lado sur como zona de arboleda. 

A lo lejos, por el noreste, cuando no jugaba a rasgar las nubes lenticulares que la  llegaban a visitar, la cumbre rocosa de una gran montaña piramidal, era su centinela.

Bien, pues como decía, sobretodo en las tardes de verano, casi atardeciendo, caminando solo, me dirigía hasta allí.

Si he de decir la verdad, no tengo, aún hoy, muy claro el motivo de mis estancias en el huerto, mi padre no daba muestras de alegría al verme, no era un padre amoroso, sabía que me quería, pero no lo daba a conocer, al menos no lo exteriorizaba, no hablaba mucho y tampoco hacía preguntas como..........

         ¿ Qué tal en la escuela........?,
         ¿ Qué hace mamá en casa.....?
         ¿ Qué has hecho hoy..........?

a veces me decía que saliera de la zona de sembrado, pero no me comunicaba el motivo, yo sí lo sabía, esperaba el razonamiento sin recibirlo. Algún día decidía irme solo a casa, otros, porque tardaría tiempo en terminar, me lo pedía él. En alguna ocasíón deseaba subir al nogal, era el árbol más alto de todos, no ponía obstáculo, me dejaba todo el tiempo sin visitar, sin tener un pequeño consejo que seguir. Si es cierto que una vez a la semana me mandaba que fuera a la arboleda con un pequeña cesta para que la llenara de los frutos que habían caído al suelo.

Transcurrían los días en constante monotonía, hasta que la edad de once años me rondaba. Fue entonces cuando mis padres decidieron que debería estudiar el bachillerato, al menos el que en aquel tiempo se denominaba como bachillerato elemental, para ello era necesario aprobar un examen que le decian, el examen de ingreso, imprescindible para acceder al primer curso de los cuatro que componían el bachillerato.

Recuerdo que un mes antes del examen, mi padre, un domingo, después de misa, me pidio que no fuese al cine esa tarde, que le acompañara porque quería enseñarme una cosa que tenía en el huerto, confieso que me extrañó, no me lo quería decir y yo no lograba alcanzar de qué se podía tratar, además me dijo que nada de nada a mi madre. Quise indagar sobre la sorpresa, para así poder después llegar a tiempo de ver, al menos, una de los dos películas del cine, me contestó que habría más días para esas cosas, él nunca iba al cine, jamás le había visto en uno.

Pero aconteció que el día comenzaba a nublarse, por ello. ante mi impaciencia, cedio en adelantar la ida, así que, terminamos de comer, e iniciamos solos él y yo, el camino antes de que la lluvia apareciera.

Por fin llegamos hasta allí, yo pensé que se trataba de un perro pequeño que iba a regalarme, pues vi como se acercaba a una pequeña caseta donde guardaba las simientes y las herramientas, tal vez estaba ahí guardado, volví a pensar, sin embargo no sacó nada que yo pudiera notar.

        ¿ Cuál es la sorpresa, papá.....?
        ¿ Es que no estás mejor aquí que en el cine....? 
        ¡ Hala ! todos se han ido al cine y yo aquí engañado, encima.
        Estaremos poco tiempo, nos iremos antes que llueva 
        ¿ Y para esto me has hecho venir..?
        No. 

Fue entonces que me cogió de la mano y nos  acercamos hasta un árbol abandonado que estaba casi tocando a la muralla, arrinconado en una esquina. Era un árbol que había sido grande, su tronco lo daba a entender, estaba tallado, a cierta altura le salia un ramal, que también había sido cortado.

No vi el sentido del momento, pero recordé que cuando en la escuela me mandaban dibujar un árbol, siempre lo hacía con una rama cortada en su lado derecho.

        ¿ Y ahora qué hacemos aquí....?
        Esto antes fue un olmo
        ¿ Qué le pasa, porqué está ahora así ......?
        Lo plantaron muy cerca del muro....salía mucho a la calle
                  
Comenzaba a extrañarme, de las demasiadas explicaciones que me iba dando, un hombre tan  parco en palabras como él.

        ¿ Entonces, ahora está muerto....?
        No, pero está como dormido
        ¿ Y ya nunca más se despertará...?
        Puede que sí, lo probaremos
        Le vas a dar una inyección, como haces a los enfermos...?
        No, algo parecido

Fue entonces cuando de un bolsillo de su pantalón, sacó una varita, una especie de rama de árbol y arrimándose al árbol.......

        ¿ Qué es eso que haces.......?
        Es un injerto, si se suelda al árbol, crecerá, después
        le saldran ramás y después saldrán más, si se le cuida
        Esa era la sorpresa no.....?
        ¡ Hala ¡ ¡ Marcha, marcha ! vete al cine antes llueva

 

Sabía que no podía abrazar a mi padre por su forma de ser, así que salí corriendo hacia la montaña para poder llorar sin que nadie me viera

Llegaron las notas del examen de ingreso con la inesperada puntuación de diez, matrícula de honor. Después llegaron las del bachillerato, mientras las ramas del árbol, año tras año, se iban extendiendo.

Posiblemente muchos de nosotros pensemos sobre la falta de compresión que algunos de nuestros padres demuestran ante nosotros, o de lo poco que creemos que nos conocen, puede que sea cierto, ya que mi padre, supongo, nunca supo que las flechas que mas duelen son las que piden perdón, pero también es cierto, que la mayoría de ellos nos han dejado una varita, aunque sea disfrazada, dependerá de nosotros mismos, con nuestra voluntad, el averiguar cuando sucedió, si es que queremos saberlo.

Puede que en principio, nos parezca muy difícil, pero en realidad......

............Es cosa de niños.

 
Joseph





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