0612.07

el niÑo y la luna

Después de un tiempo de ausencia, os traigo un cuento que surgió en un día de inspiración. Uno de esos días que todo sale fluido y casi no te paras a pensar que estas escribiendo. La verdad que el cuento, es un género que cada día me gusta más. Quizá sea mi nueva manera de comunicarme con mi niño interior, que siempre se queja de la poca atención que le presto con toda la razón del mundo. Un besito para el niño que llevamos todos dentro.


Todas las noches el niño cumplía el mismo ritual, se enfundaba su pijama de ositos, se lavaba la cara y los dientes meticulosamente, y se arrodillaba a los pies de la cama, para agradecer todo lo que la vida le había regalado ese día. El no sabia bien bien porque, pero ese ceremonial le reconfortaba, y le preparaba para el momento más importante del día, su momento.

Guiado como un títere, cogía la almohada de su cama y se acercaba hasta la ventana acurrucándose en la repisa a esperarla… sabía que ella no siempre estaba allí, que tenía otros compromisos y muchos niños como él que atender; pero aquella noche presentía que la vería. Si las nubes no lo impedían, solía aparecer a media noche por el rincón superior derecho de su ventanal, su luz iluminaba tenuemente la habitación y le daba un nuevo brillo a su cara adormilada.

-¡Hola Lunita, hoy brillas mucho, eso es que estarás contenta!

-Hola mi niño, ¿como te encuentras hoy?

Hoy el niño tenía especialmente ganas de hablar con ella, pues en el cole, había escuchado algo muy raro que no alcanzaba a comprender, y estaba seguro que la luna, se lo podría explicar.

-Bien, aunque hay una cosa que no entiendo, y es que me han dicho, que muchas de tus amiguitas las estrellas que iluminan el cielo cada noche, en realidad no existen, que murieron hace mucho tiempo, pero que aún podemos seguir viéndolas ¿es eso cierto? ¿Verdad que no?

-Hay mi niño, es verdad y no es verdad. Como te diría... (Y la luna permaneció unos instantes en silencio, mientras el niño la observaba con los ojos bien abiertos y relucientes ávido de saber) Ya sé, ¿Sabes lo que es el eco?

-Si, es esa persona que se esconde en algunas montañas y repite lo que tu dices cuando chillas mucho.

La luna dibujó una gran sonrisa y empezó la explicación.

-Imagínate a alguien que va caminando por una de esas montañas en las que el eco habita. Y que está subiendo una pared muy empinada, pero en un descuido se resbala y cae al vacío. Y mientras cae, va gritando, hasta que de repente al llegar al suelo, deja de gritar, porque ya no pertenece más a este mundo. Pero su voz se sigue escuchando por toda la montaña unos segundos después, pues, aunque el ya no forme parte este mundo, su voz si… Pues algo parecido pasa con las estrellas.

-¿Así que la estrella antes de morir chilla muy fuerte y se ilumina mucho y por eso vemos su luz?

-Bueno, imagínate que esa persona que se cayó en la montaña, era un amigo tuyo, y que lo querías mucho. Pero aunque él haya desaparecido físicamente, para ti sigue existiendo, porque lo llevas en tu corazón para siempre. Las estrellas son la gente que ya no está con nosotros, pero que nosotros seguimos llevando en el corazón y por eso su luz sigue brillando.

-¿Y cuando yo me muera, tendré una estrellita, y alguien que me llevará en su corazón, lunita?

-Claro que si mi niño, por eso has de seguir siendo un buen niño, y queriendo a todos los que te rodean, y compartiendo tu luz con todo el mundo.

-Aunque sean malos o no me caigan bien.

-¿Que crees que pasaría mi niño si yo saliera durante el día junto al sol?

- Pues que no te vería, o se te vería muy poquito

-Exacto, mi luz sirve para alumbrar la oscuridad de la noche, que es quien más me necesita. Como la gente más oscura y con menos luz necesitan más brillo para poder encontrar su camino.

-No se si lo acabo de entender…

La luna ya se escoraba por la parte superior izquierda de su ventana y ya casi no iluminaba la habitación, dejándola en penumbras.

Buenas noches lunita, y dales muchos besitos a todos los niños que visites esta noche, dijo el niño con una cunita en cada ojo.

Aquella noche el niño se durmió pensando en todo lo que le había explicado la luna, y aunque su mente no alcanzaba entender todo aquello, en su interior, una luz cada vez más fuerte brillaba dentro de él, y esta sería la fuente de mágicos encuentros que la vida le tenía preparados, pero eso ya es otra historia…



FGT



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