Es el momento del cambio, el más anhelado cuando vuela libremente por la cabeza, abrazando sin desdén a todas las ideas que por ella circulan, construyendo así, cual castillo de naipes, la entelequia de tu ser, a fuerza de subyugar miedos y temores, solo aletargados momentáneamente ... Hasta que la idea, se torna palabra y la palabra acción, y aquel frenesí burbujeante que te arropaba cada noche se transmuta con un simple giro cósmico, en el desencadenante que anhelabas, pero que ahora te estremece. La ausencia de control y el no saber que viene después, crea una sensación extraña cual deja vu. ¿He perdido el control de los acontecimientos? ¿Realmente tuve el control sobre ellos alguna vez, o simplemente era esclavo de mi propia cárcel, forjada celosamente ladrillo a ladrillo, para dominar lo que es incontrolable? El simple hecho de entreabrir la jaula unos centímetros, y sentir una tenue luz iluminando tu pálido rostro, te hace estremecer, en una catarsis agridulce, como el polluelo que intenta volar por primera vez...
Así intuyes que el máximo control, proviene del descontrol. Pues si, todo tiende al caos, pero lo que no explican es que del caos vuelve a surgir el orden, y en ese circulo a velocidad de centrifugado, es bueno de vez en cuando asomar la cabeza, y abstraerse de la vorágine en la que te arrastra, buscar la orilla del rio y mirar con perspectiva, pero no la del intelecto, siempre subjetivo, sino la del alma, a la que cada rara vez se escucha. Que bien conocedora es de tu destino, pues cual partida rol, tu personaje fue moldeado con las habilidades y defectos necesarios para que tu, portador de ese vehículo, llamado cuerpo humano, pudieras evolucionar y alcanzar el camino de luz cual estrellita fugaz rasga el infinito obscuro.
FGT